Prostitución en la ciudad de La Plata

 

Por Raúl Marcelo Cheves para Editorial Seis Hermanas

 

En oportunidad de la Reunión Preparatoria Regional para América Latina y El Caribe, desarrollada en la ciudad de San José de Costa Rica en mayo de 2009, se abordó el tema sustantivo: "Respuestas de la justicia penal al tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas: vínculos con la delincuencia organizada transnacional".

En una de las exposiciones, un experto individual de la Argentina, relacionó este tema con la instalación y funcionamiento subrepticio e informal de prostíbulos en una ciudad del continente.

Solamente en el casco urbano de La Plata, están funcionando desde hace años, decenas de prostibulos. En algunos barrios hasta tres por manzana. No hace falta ser policía ni llevar adelante una investigación para identificar y conocer el movimiento de estos lugares. Los prostibulos existen porque hay demanda y porque realmente es redituable para sus dueños.

Resulta evidente que su continuidad funcional se debe a la ausencia del Estado a través de los funcionarios responsables de varias áreas de gestión, representando una posición y determinando una situación que merece sin duda ser investigada administrativa y judicialmente.

La existencia de esta oferta de sexo, está al alcance de la mano de cualquier “cliente” con la sola lectura de los avisos clasificados de cualquier diario, algunos de los cuales incluyendo fotos y detalles.

Esta ausencia o tolerancia del Estado, no solamente compromete la salud (Ley de Profilaxis), la seguridad y el bienestar de todos los habitantes, sino permite el desarrollo de una redituable actividad comercial, subrepticia e informal, al margen y por ende evasora del sistema de recaudación nacional (AFIP) y provincial (ARBA) como de las normas de habilitación y regulación municipal, además de la contratación de servicios en categoría particular en lugar de la comercial (luz, gas, teléfono).

Esta peligrosa infraestructura, construida en negro sobre la base de un Estado ausente, permeable, tolerante o quizás interesado, es generadora de desigualdades, fomentando un permanente clima de injusticia y escape directo hacia la corrupción.

La gran excusa es insostenible, pues ya no puede esconderse esta actividad comercial con ribetes espeluznantes como la trata de personas (habitantes de la Nación Argentina, Arts. 14 y 20 de la Constitución Nacional y concordantes de la Constitución Provincial), la reducción a la esclavitud o corrupción de menores; detrás de una inofensiva vivienda particular.

Sr. Estado / Sra. República:

¿Hasta cuando seguiremos leyendo noticias de casos sobre “esclavitud sexual” que nos hacen reír llorando?. Pues es descabellado comprender que nuestros impuestos sirven para la tolerancia, o para prolongadas e innecesarias investigaciones policiales, a la vez que comprender que nuestro país ofrece a todas las personas que quieran habitar su suelo, nada más que el ejercicio de la prostitución.

En este mismo contexto, la demanda de prostibulos es creciente y sostenible, demostrando una clara necesidad de usufructo por parte de un considerable número de integrantes de la comunidad, que amerita la legítima, legal pero prudente y adecuada intervención del Estado, pues las personas canalizan de esta manera, su necesidad de sexo pero también de trabajo.

No se trata entonces de prohibir, sino de regular, se trata de incluir en beneficio de todos.

Puiblicado diario El Día, La Plata, Argentina: 20 de agosto de 2010.