La cuestión policial

Manual para la aplicación de la ley

 

Raúl Marcelo Cheves para Editorial Seis Hermanas

 

Del autor al lector

Introducción

 

Del autor al lector

 

La cuestión policial es un manual para consulta permanente de los agentes policiales con la intención de mejorar sus acciones cotidianas de aplicación de la ley.

Si bien no se han abordado todos los temas relacionados a su labor, ofrece una definida visión general de lo más sustancial, inmediato y necesario para el cumplimiento de su deber. Empero, estamos convencidos que en manos del exigente y meritorio lector, por aceptación o rechazo, se completarán y multiplicarán sus contenidos, de conformidad a su potencial creativo.

En este sentido, podrá considerar poca trascendencia en el tratamiento de algún tema que le hubiese parecido merecer mayor detenimiento o quizás, la ausencia de otro que estima de relevancia, para todo caso, se enfatiza una vez más en el albedrío de su criterio, a la vez que incentivarlo en la curiosidad y rigurosidad de su propia búsqueda.

Por ello, esperamos que el libro produzca esclarecimientos pero también interrogantes, pues de esta manera quedará asegurado el necesario ejercicio intelectual. No se trata de ganar adeptos y menos aún llevar de las narices a nadie, por el contrario, se pretende incentivar su crítica y poder de decisión.

Se ha recurrido reiteradamente al diccionario de la Real Academia Española como primera fuente de conocimiento del significado de los vocablos, frases y oraciones que lo componen para establecer y comprender su representación, alcance e intromisión en la labor policial en armonía con el ordenamiento jurídico, es decir, en la sencilla aceptación en que comúnmente son empleadas, pero importando su significación jurídica a los fines policíacos.

No se pretende adornar el lenguaje para hacerlo más bonito o aceptable, las cosas por su nombre pero en el caso de los policías, debemos comenzar a modificar, no solamente nuestras actitudes y procederes, sino el léxico, empleando términos entendibles, pero profesionales y compatibles con el bloque de legalidad.

Las conjugaciones y tiempos verbales, se utilizaron convenientemente para facilitar el diálogo con los lectores y lograr su acompañamiento en el tratamiento de los distintos temas.

Las transcripciones de textos en proporciones diferentes y correspondientes a otros autores u organismos, han sido seleccionadas a criterio del autor en función de la línea argumental de la temática tratada, pues no fue su intención llenar hojas y hojas reproduciéndolos íntegramente. En éstas, se señala el nombre del documento o el autor u organismo de procedencia con indicación del año, de manera tal que permita identificarlo o ubicarlo en la bibliografía al final del libro.

Se seleccionaron e incorporaron también, referencias estadísticas recientes y de antigua data, en virtud de su alta significación en la materia que nos mueve.

Además, advertirán reiteraciones conceptuales, siendo deliberadas y con propósitos meramente didácticos. Así también y con el fin de fortalecer la interrelación de las diferentes materias que componen nuestro libro, se observaran en algunos temas, la referencia del capítulo asociado.

El libro se ha desarrollado en seis capítulos y un complemento de actividades de aplicación. Enfocamos su texto en general de manera objetiva y sustancial, siendo breves en algunos temas pero sin perder rigurosidad y analizando otros con profundidad.

En el Capítulo I, tratamos los derechos humanos comenzando con una introducción que los relaciona con el trabajo de la policía y continuando con una síntesis histórica donde se mencionan los sucesos, antecedentes e instrumentos internacionales más relevantes -no todos- y que los agentes policiales deben conocer y estar absolutamente convencidos de la importancia y significancia de los principios que encierran, para garantizarlos y protegerlos en su desempeño cotidiano.

En el Capítulo II, abordamos el tema de la seguridad desde diferentes disciplinas de las Ciencias Sociales, habida cuenta de estar consagrada como derecho humano en la Declaración Americana de Deberes y Derechos del Hombre y en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Vamos a comprender que la seguridad, no es una concesión que el Estado otorga a sus habitantes sino una potestad personal que emana de la necesidad básica y natural que les es propia por su sola condición de seres humanos y a satisfacer simultáneamente junto al resto de sus necesidades. Esto es de suma importancia para la policía por su condición de agencia dedicada, aunque no la única, a la protección comunitaria y el tratamiento de la delincuencia. Este capítulo nos introduce y facilita el abordaje del siguiente.

El Capítulo III, lo dedicamos a la seguridad humana de los habitantes que se centraliza en la persona y la atención de sus necesidades en pleno goce de sus derechos humanos. Su lema es "libertad respecto del miedo y libertad respecto de la necesidad". No se contrapone a la seguridad convencional que tiene en la policía uno de sus artífices principales, sino que se complementa aunque en el futuro puede absorberla. Se vuelcan los contenidos de algunas constituciones políticas de países de la Región, como ejemplos concretos de su previsión jurídica.

El Capítulo IV, contiene la labor de las Naciones Unidas en relación a la seguridad humana de los habitantes. No están todos los antecedentes pues se tomaron arbitrariamente aquellos más relevantes. No obstante nos permite comprender, cómo debe ser el correcto abordaje en materia de prevención del delito y el papel real que debe cumplir la policía, a la vez que vincular la delincuencia con la violación a los derechos humanos.

En el Capítulo V, abordamos la ética policial por considerarla imprescindible para el correcto y legal desempeño de las funciones de la policía. Sus relaciones con los miembros de la comunidad y con sus compañeros de labor, las determinaciones inherentes al empleo de la fuerza y las armas de fuego, su posicionamiento frente a la corrupción y el abuso del poder como aspectos relevantes del gobierno institucional.

El Capítulo VI, lo dedicamos a los procedimientos policiales desde un enfoque teórico-práctico que permita una transferencia directa y rápida a la labor cotidiana de los funcionarios policiales. El ejercicio profesional debe llevarse a cabo conforme a derecho, legitimando sus procedimientos con los principios de igualdad, legalidad, defensa, excepcionalidad, razonabilidad, proporcionalidad y gradualidad, de manera de asegurarnos el pleno goce de los derechos humanos, incluyendo como es lógico y sabido, los correspondientes al trabajador policial.

En el complemento final, se desarrollan actividades de aplicación, donde se ofrece una serie de preguntas y ejercicios de autoevaluación y de aplicación con el propósito de fortalecer lo aprendido. Si bien está dirigido a los agentes policiales, nada impide a otros lectores su desarrollo.

 

Raúl Marcelo Cheves

 

 

Introducción

 

La misión de la policía debe consagrarse a la protección y defensa de la dignidad y los derechos humanos de todos los habitantes. Su presencia y acciones estarán dirigidas a respetar, a garantizar y en cierta medida, a restituir los derechos tutelados por la ley fundamental y los tratados internacionales.

Ser policía implica un comportamiento en comunidad poco menos que perfecto. No debe presentarse ante las personas como arrogante o pendenciero, guapo o pistolero, indeseable o pandillero. Tampoco es un soldado porque no pertenece a ninguna milicia ni está en guerra con nadie, es una persona a quien el Estado le ha conferido algo tan noble y digno como la protección de sus semejantes.

Su condición de funcionario encargado de hacer cumplir la ley le impone desempeñar funciones comunitarias no solamente relacionadas específicamente con la aplicación de la ley sino otras de carácter asistencial.

Esta función de asistencia, que lo enaltece y fortalece como persona, lo convierte en un referente social de contacto al cual se recurre para su atención ante cualquier padecimiento. Para ello se impone un entrenamiento específico y permanente en el trato con la gente, sean víctimas o infractores, y orientado a que en todo momento y circunstancia, mantenga la conducta ética que exige su profesión.

La institución policial no es una agencia de magos, no cuenta en cada una de sus dependencias  con una "bola de cristal" que devele el día, la hora y el lugar en que ocurrirán los hechos delictivos. La labor policial no es exotérica sino profesional y responde a una arquitectura operativa de basamento científico donde el azar, la adivinanza, la duda o la presunción no son presupuestos válidos para salvaguardar la vida de las personas, ni limitar sus derechos constitucionales. Es contrario a su deber de policía, transgredir derechos so pretexto de impedir o hacer cesar una posible infracción a la ley penal, buscando de esta manera resultados favorables. No son causales de justificación, pues siempre será desfavorable y reprochable por la comunidad toda, sin perjuicio de la responsabilidad jurídica adquirida.

Los resultados positivos de la actividad policial se reflejan en su contribución para el pleno goce y protección de los derechos de los habitantes y no en la fabricación delictiva para una construcción estadística a costa de transgredir valores que definen la dignidad humana. No se estaría aplicando la ley sino transgrediéndola y, la institución policial, quedaría estigmatizada como agencia de victimización por los actos de sus funcionarios.

¿De cuáles valores estamos hablando y protegiendo?

De la vida, de la libertad, de la seguridad de las personas por ejemplo, pues son valores innatos de cada quien y consagrados universalmente y, por ende, siempre presentes en la labor de la policía para que el ánimo que mueva a sus agentes no sea meramente estadístico y efectista. De manera tal que menos fabricación de humo estadístico y ritualismo negativo en su gestión institucional y más energías en ajustarse a derecho.

La relación policía-habitante, es la relación de personas iguales ante la ley y sujetos de derecho. La única diferencia es su posicionamiento social, pues el agente policial es el representante de la administración estatal, encargado del pleno goce y protección de los derechos del administrado.

En su contacto permanente con la comunidad, nuestros agentes observan conductas de sus integrantes que deberán evaluar si están prohibidas con compromiso penal. En tales casos, la ley los habilita a intervenir pero bajo ciertos recaudos y restricciones. Debido a la subjetividad de este primer análisis, se requiere adoptar su proceder a los principios de razonabilidad, proporcionalidad y gradualidad.

La cuestión policial pretende llevar a los funcionarios de policía, los conocimientos y herramientas necesarias para desempeñar sus funciones dentro del marco de legalidad que exige el estado de derecho.

Con relación a la institución policial, propone revisar y reformular sus esfuerzos en materia de defensa de los derechos humanos como en la prevención y el tratamiento de la delincuencia, a la vez que en el mejoramiento de las condiciones laborales de sus agentes, dentro del marco de correctas políticas públicas surgidas de una planificación integral de la seguridad humana, lo cual alcanza y compromete a todo el espectro sociopolítico.

Para ello debemos repensar la policía y formar agentes diferentes. Se ha improvisado y copiado demasiado, a punto tal de haberse perdido el sentido y la esencia que deben primar en toda agencia policial.

En la prevención del delito, no todo es incumbencia de la policía y por ende no todo es su responsabilidad, lo cual implica un cambio de paradigma en la aplicación de la ley y sus consecuentes medidas, circunstancia que recae e involucra al Estado, pues debe impulsarlo, mantenerlo y mejorarlo.

Pero es tan significativa la inacción o acción fallida que se observa por parte de los gobiernos para con el tratamiento de la delincuencia, que nos hace caer en el delirio de pensar que están esperando una imposible autocorrección del problema o peor aún, un auto-exterminio o aniquilación, en lugar de promover un sistema integral hacia una cultura de la paz, que favorezca una convivencia social más justa e igualitaria.

En algunas fuerzas policiales de nuestra Región se iniciaron procesos de reforma, adoptándose medidas de cambio organizacional pero no han logrado sortear las críticas de su comunidad en relación a su desempeño, quizás porque no alcanzaron las raíces del problema ni fueron acompañadas de manera integral por el resto del espectro estatal, lo cual amerita su profundo replanteo o transitar nuevos caminos institucionales.

"La Policía constituye una institución fundamental para la vigencia del Estado de derecho y para garantizar la seguridad de la población. (…) la variedad de sus funciones, es una de las instituciones del Estado que se relaciona más frecuentemente con los ciudadanos." (CIDH, informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela, 2003, Cap. III, párrafo 294)

En total acuerdo con la mención de la Comisión Interamericana sobre la policía, pues su problemática no pasa por lo "que es o para qué sirve", no vamos a discutir lo que ya sabemos, sino en "cómo estuvo y está" funcionando para haberse ganado tanto cuestionamiento social y político.

No es una institución que se caracteriza por hacer lo que quiere, sino aquello que le es ordenado hacer, salvo, cuando no se le pide nada -lo cual es raro- y además no se la controla -lo cual es frecuente-, tal vez bajo estas circunstancias existiría un libre criterio de actuación. Es evidente que funciona mal porque no se tiene la capacidad intelectual para conducirla, y llegado el caso para reformarla o porque resulta conviene que así sea.

Claro que nadie con responsabilidad técnica o política sobre la policía confesaría que no sabe conducirla, más elegante seria decir que es una institución problemática, muy difícil, complicada e imposible de reformar o controlar. Nada más inexacto. Si al autor de este libro se lo designara para conducir y, de corresponder, iniciar un proceso de reforma en un sistema de salud y, adoptando una conducta poco ética, pues nada sabe al respecto, aceptara, seguramente y luego de hacer desastres, diría que el organismo de salud es muy difícil, complicado e imposible de reformar.

Tampoco reconocería haber impartido directivas conflictivas y al margen de la ley, pero para todo caso, un funcionamiento reprochable y extendido en el tiempo, resulta indigerible pensar que no se hubiera podido hacer nada para modificarlo.

La policía, como institución, como profesión, ya ha pagado un precio muy alto por el fracaso de los gobiernos de turno. Fracaso deliberado o inocente, pero fracaso al fin, que lo sufrimos y pagamos todos los habitantes.

Tanto la conveniencia de mal o deficiente de-sempeño como la carencia de conocimientos suficientes para reformarla o, un coctel de las anteriores, aunque para todo caso, nada inocente, son hipótesis muy fuertes que responsabilizan a los gobiernos de turno.

No podemos hablar de dos, diez, o treinta años de democracia en un país de nuestra Región y la cuestión policial siga sin resolverse y además, blanco de reproches, de denuncias e insatisfacciones. La Falta de profesionales de carrera policial con capacidad de gestión y autoridad técnica para designar al frente de una fuerza o de un proceso de reforma, no es creíble. Nos queda entonces la opción de la conveniencia.

Reiterando lo dicho, es imposible y poco o nada creíble que no pueda conducirse correctamente o reformarse una agencia policial, salvo, que no se sepa o no se quiera.

Ahora bien, si contratamos a un odontólogo porque es amigo o recomendado, para solucionar un problema en el suministro de gas en una empresa, entonces, comprendemos que para nada nos interesa la empresa ni sus empleados ni el público que se beneficia con su producción, pues se está en peligro latente de convertir su reparación en explosión.

Si bien el libro fue escrito desde una perspectiva policial, es una propuesta a todos los profesionales y estudiosos en general. Se han desarrollado temas determinantes para la labor de la policía, pero que tradicionalmente han sido tratados por otras disciplinas, tal es el caso de los derechos humanos o las diferentes perspectivas sobre la seguridad desde la Psicología, la Antropología, la Economía y la Geografía, sin invadir ni absorber sus ámbitos científicos de competencia. De igual manera se incurre en el Derecho pero realizando análisis pedagógicos, respetando y no avanzando en tratamientos jurídico-dogmáticos que escapan al conocimiento pleno, incumbencia y competencia.

Debemos enfatizar que los agentes policiales deben ajustarse siempre y sin excepción a derecho porque es la única respuesta a su condición de tales. Esto implica la existencia de mecanismos de control de gestión para monitorear su comportamiento personal, como detectar posibles desviaciones organizacionales que comprometan el cuerpo axiológico, la misión, funciones y las órdenes emanadas por los superiores sobre cuestiones que hacen al fondo y forma de llevar adelante las cosas.

Los invito entonces a la lectura de La cuestión policial. Habrá quienes puedan considerarla lejana a la realidad, soy consciente de ello y por tal motivo lo menciono, pues quizás en este aspecto radique uno de los grandes problemas de las agencias policiales, cuyos funcionarios se encuentran y se manifiestan superados por la realidad cotidiana y descreídos de la efectividad de la ley y de la conducción institucional, condicionando su comportamiento y relegando su compromiso social. Aun así, la orden del superior sigue representando en el subalterno, una entidad por encima de la ley que no se discute y por ende resulta altamente peligrosa.

Mucho tienen que ver los gobiernos, pues no hay una posición ni mensajes claros sobre como tutelar de manera eficaz la seguridad de los habitantes y reconocer el auténtico rol que le cabe a la policía, situando a la delincuencia como una opción de vida y de asimilación comunitaria compulsiva. De esta manera, se está obligando a la gente, a aceptar el delito como algo normal o natural de todos los días.

"Capítulo III ¿Qué hacer? Pese a nuestras afirmaciones y determinaciones, no contamos con una fórmula mágica, aplicable para cualquier caso y que además tenga el éxito asegurado. Tampoco proponemos modelos, pues entendemos y pretendemos que debe ser una construcción cultural de cada país, nueva y original, consecuente con su historia, con su vida social y económica. Empero, a continuación ofrecemos una serie de consideraciones, orientaciones y recomendaciones para observar ante una situación de cambio policial: (…)" (Cheves, 2005-8)

No deseamos una equivoca interpretación sobre ciertas afirmaciones, no estamos en la vereda de enfrente tirando piedras o trabando la marcha, sino que surgen propuestas como cara opuesta a las críticas, son justamente las medidas positivas que se recomienda tener presente a la hora de adoptar cambios en la policía.

Estamos hablando de una agencia dedicada a la defensa social. Si hay quienes consideran lo dicho demasiado quimérico, poseemos bastante materia gris para cambiar el mito por una realidad sustentable. No es imposible ni aún muy difícil por lo que resulta incomprensible -o sospechoso- que no se logre.

Deseo entonces dedicar unas últimas palabras a mis compañeros policías.

Si claudicamos y dejamos que la realidad nos supere y condicione el futuro. Si seguimos permitiendo que la agencia policial sea una puerta de acceso para alterar el derecho, un factor de miedo y recelo en las personas o una estrategia de campaña política, entonces estamos perdidos y de nada nos sirve estudiar, capacitarnos o escribir sobre cosas, pues nunca las haremos, nunca las lograremos. Peor aún, estaríamos perdiendo nuestras vidas o peligrando la salud por aquello que no creemos posible, o estaremos condenados a la amargura y la desazón, a la crítica perpetua, a la culpa del otro, a la queja constante, o a la responsabilidad legal.

Pese a mis años de vida y experiencia en una fuerza policial de envergadura, no pierdo las esperanzas de que algún día, no muy lejano, aunque no abrigue certeza de estar en pie en ese momento, la policía deje de ser una variable política, una herramienta electoral del gobernante de turno, su predilecto conejillo de indias y chivo expiatorio. Llegado ese día, no habrá caretas en el tratamiento de la cuestión policial.

Finalmente o, quizás el principio: "Nadie ni nada, está por encima de la ley".

Por todo ello, los invito también a redescubrir la Ley, como único camino para un ejercicio profesional beneficioso para la convivencia social.

                                   

                                            El autor   

 

Verano de Febrero en la ciudad de La Plata-Argentina, en el año del Señor 2015.