La Profesionalización es sinónimo de muerte en la Carrera Policial

 

Por Raúl Marcelo Cheves para la Editorial Seis Hermanas

 

A principios del siglo pasado, José Ingenieros escribe su obra El Hombre Mediocre. De ella sabemos que fue la reacción lógica e inevitable a un desencanto profesional de fuertes características que ubicó al autor fuera del sistema en el cual se desenvolvía. Sin embargo nos deja una visión y enseñanza, claras y válidas para éstos y todos los tiempos. Y por cierto que lo es, dado que Ingenieros revela, delata y denuncia desde pilares fundamentales como la moral, los ideales y las ideas, la peligrosidad que representa el avance y proliferación de la mediocridad en nuestra sociedad y sus instituciones, a la vez que identifica al arquetipo que la hace posible: El Hombre Mediocre. 

¿Son realmente los mejores, los más idóneos, los más profesionales, los elegidos para ocupar, por ejemplo, cargos públicos; más aún, cargos públicos policiales?;

¿Tienen al menos una demostrativa inteligencia teórica o práctica o ambas?;

¿ Están realmente por idoneidad o quizás amiguismo, complacencia, interés político o por reunir determinados requisitos estético personales?;

¿Cuáles son entonces los presupuestos que llevan a una elección de semejantes características?. No podría creer que sea la de un rostro sonriente o tal vez una fuerte y evidente tendencia a la inclinación anatómica del beneficiario. Porque si entre diferentes candidatos se excluyen a quienes han demostrado una permanente capacitación, manifestación y compromiso profesional sumada a conductas irreprochables, es evidente que la Profesionalización no es redituable y puede significar la muerte de la Carrera Policial.

Quizás esa capacitación o al menos actualización permanentes, en el campo específico de cada profesión, debería reemplazarse con cursos de plástica, educación física, cartografía, geografía o relatividad, habida cuenta que al momento de la designación de funcionarios para ocupar cargos públicos, por ejemplo los policiales, se comprueba que más importante que la profesionalidad son sus muy especiales y predispuestos caracteres personales sumados a Dónde y Cuándo estar en el lugar y momento adecuados.

Qué notable, para qué preocuparse por una carrera profesional integra, si al momento de las definiciones se elegirá al primer temeroso, sonriente y adepto que se encuentre cerca.

La obsecuencia como cualidad personal y el servilismo como manifestación social de ella, han sido por excelencia, los viejos recursos empleados para realizaciones personales y funcionales. Claro, el costo es altísimo por el nivel de degradación al que suele llegar un funcionario empeñado e impaciente en lograr éxitos en su vida privada y carrera profesional. Pero la esclavitud en el servicio no es en absoluto reaseguro de protección y continuidad, provocando además un daño serio y costoso en las instituciones, en especial las policiales.

Aún así, estos funcionarios policiales siempre los encontraremos al alcance porque los hay, son necesarios y sus permeables personalidades reúnen determinadas y peculiares características que los hacen óptimos. Tal vez aquéllas de mentes empíricas y de moral utilitaria que se hacen imprescindibles para el sostenimiento de cualquier esquema conductual como el policial.

Normalmente y salvo excepciones, se recurre a quienes aseguren una labor obediente –por supuesto redituable para ambas partes- de continuidad sistémica y acatamiento irrestricto a las directivas superiores en el manejo institucional. Con esto se rechaza –inconfesablemente por supuesto- el ejercicio libre de la profesión a la vez que desecha el profesionalismo y el buen nivel cultural de sus agentes porque al ocupar cargos de conducción podrían ser imprevisibles e inmanejables. Entonces, el elegido debe ser muy respetuoso y servil, cualidades que se noten bien hacia dentro pero bien disimuladas hacia fuera de la Institución; haciéndose necesaria una mala o improvisada selección a la vez que propiciarse una carrera policial simple, discreta y disimulada –que no trascienda ni se den cuenta- de resistencia personal y carente de calidad profesional.

            Pero para todo caso, El Policía Mediocre es una persona especial con particulares características y aptitudes –que ya citamos- para realizar con la metodología del servilismo, ciertas tareas de mensajería y relacionadas con el esquema de conducción de su Institución, a la cual traicionan, rechazan o desconocen pero que íntimamente lloran y se compadecen a sí mismos, muy a su pesar y perjuicio de saber que su amo o patrón en cualquier momento pueda considerarlos Descartables, Fusibles, Inútiles o Idiotas Útiles.

            El miedo, la ansiedad y la incertidumbre los obliga a sumirse –y arrodillarse- incondicionalmente ante quien pueda asegurarles una continuidad o presencia funcional a la vez que protegerlos de ser objeto de cualquier medida administrativa. Se identifican rápidamente con la conducción de turno y se convierten en sus mejores agentes publicitarios. Es muy común escucharles decir “con los principios no se come” y por tal circunstancia están convencidos que hay que cumplir a toda costa para su supervivencia y muy a pesar de la sociedad a la cual sirven, de la propia institución a la cual pertenecen como de sus camaradas, lo cual establece una amplia zona de relajamiento moral y ético.

            Yo no soy José Ingenieros pero durante este último tiempo de mi carrera policial fui dejado sistemáticamente de lado y desconsiderado para ocupar cargos de decisión institucional en la Policía de la Provincia de Buenos Aires por quienes creyeron oír un llamado superior de origen divino, para su sacrificio patriótico –típico del hombre mediocre- y llevaron a Nuestra Institución por la senda del fracaso, desprestigio y descreimiento.

            En este momento, estoy esperando se resuelva mi solicitud de pase a Retiro Activo Voluntario –que seguramente le darán curso rápido- motivada por una resolución del ministro de seguridad de la Provincia de Buenos Aires por la cual se adoptara una medida que consideré altamente peyorativa para mi persona y trayectoria profesional.

De esta manera terminé con un proyecto de vida que abrasé hace 29 años, mi carrera profesional no alcanzará los 30 años de servicio como siguientes grados superiores.

           

La Plata en su otoño del año del Señor 2004.

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