La Policía en su comunidad

 

Funciones de policía en la comunidad - Nota de Estrategia (1)

Algunas reflexiones sobre una Policía Comunitaria (2)

Con relación a la Policía Comunitaria, se cae nuevamente en la influencia occidental-europea, copiada por algunas instituciones policiales latinoamericanas. En rigor, el calificativo de comunitaria como el de proximidad o de resolución de problemas, es redundante pues la existencia misma de una policía es para trabajar en la comunidad y atender "in situ" la necesidad de seguridad de las personas frente a la delincuencia, la resolución de conflictos, a la vez que garantir la protección de sus derechos.

Porqué se insiste entonces en agregar tales calificativos, quizás porque en su funcionamiento, su comportamiento social no se ha compadecido con el propósito fundamental de su creación, es decir, poco o nada comunitario, más bien lejano que próximo y sin resolver los problemas de los habitantes.

El crédito de esta situación, prolongada en el tiempo, tiene sus responsables, pero sin lugar a dudas el mayor de ellos es el Estado, que por acción u omisión y ante reiterados cuestionamientos, hasta el límite de ubicarla como la policía del enemigo, dilatara las medidas conducentes para corregir sus prácticas, impulsar su reconversión y renovar su composición.

La denominación policía comunitaria o de proximidad, es una de las tantas iniciativas con las cuales se pretende demostrar cambios institucionales, pero es un absurdo pensar que la solución al problema es meramente semántica. Se busca entonces, crear algo que ya está creado pero que ha funcionado mal y hemos mencionado a su principal causante.

Volver nuevamente a los orígenes de una policía que debe ser representativa de su comunidad, de consagrarse a su protección y responder ante ella de sus acciones, representa una política de estado poco menos que excelente -la única posible-, alentadora y esperanzadora, pero además viable.

Existen proyectos y puestas en marcha de programas dentro del esquema tradicional de la policía a los cuales denominan comunitaria, que suelen confundirse con relaciones con la comunidad. Algunos han obtenido alentadores resultados pero han fracasado cuando se los considera solamente como salida política ante reproches de la opinión pública o en tiempos electorales, sumado a una relativa incidencia en la prevención del delito.

Sin perjuicio de tales intereses, la policía comunitaria no es solamente una forma o componente más para la prevención del delito, sino que representa una axiología que la convierte en el propósito mismo y fundamental de una nueva policía, una policía de consenso y de respuesta inmediata, no como medio o parte de la antigua, sino diferente, circunstancia que se recomienda tener presente en todo proceso de reforma.

Ahora bien, un proceso de estas características, impulsado por el Estado y orientado hacia una policía comunitaria, si se realiza al margen de la comunidad que es su principal actora y receptora, y sin contemplar las lógicas y necesarias adecuaciones de los demás integrantes del sistema de justicia penal, está condenado al fracaso.

Entonces, cuando hablamos de Policía Comunitaria, no es meramente un programa o proyecto para la policía, sino que es de la comunidad misma sobre su policía.

Puede darse que no sea un programa o iniciativa oficial, sino un emprendimiento de abajo hacia arriba y en respuesta a un Estado que poco o nada ofrece y sigue funcionando mal frente a la desprotección comunitaria.

Se supone que en un Estado de Derecho nadie está en peligro. El Estado de Derecho, no solamente se proclama e instituye, sino que se vive en el día a día.

No basta con poseer una legislación que respete y garantice los derechos humanos y consecuentemente existan todas las instituciones necesarias para brindar seguridad y justicia, sino que funcionen y lo hagan bien, libres de cuestionamientos o sospechas.

"La Policía es un sentimiento y derecho de las personas y corresponde al Estado su instrumentación y marco legal" (Informe Costa Rica, Cheves, 1994)

Cuando el habitante siente y comprueba que está en peligro y las instituciones creadas a tal fin no dan respuesta, por inoperancia o connivencia con la delincuencia, se genera una situación de desamparo, indignación y temor, que deriva en la adopción de medidas de supervivencia personales y grupales de impredecibles consecuencias.

A no asustarse con lo dicho, pero si el Estado no protege al pueblo, será inevitable que éste, se vea obligado a protegerse así mismo. Pero de esta situación se harán cargo sus funcionarios por no cumplir con su mandato y por si fuera poco, que no reaccionen alarmados por la iniciativa popular, esgrimiendo el respeto a la ley cuando ellos mismos no la cumplieron y generaron tales situaciones en que la comunidad se viera conminada a auto-protegerse.

"Debemos recordar que estamos hablando de un cuerpo surgido a partir de ofertas y necesidades, demandas y proveedurías que hacen al juego cíclico de las relaciones existentes entre Persona-Comunidad-Sociedad, tuteladas por la Solidaridad: archienemiga de la delincuencia. Entonces, la Policía nace como necesidad social y por ello, la Ley que la estructure, deberá captar debidamente el espíritu de la Comunidad, otorgándole un soporte profesional-académico necesario para fijarle doctrina, organización y control de gestión. Esto fortificará sus relaciones con la mandante, virtud a pautas de identidad y autoestima de sus integrantes, quienes deberán poseer el exacto equilibrio entre su capacidad operativa y perfil psicológico que los aparte de situaciones impropias, conductas censurables o al margen de la Ley. Así también, brindará reaseguros de su buen empleo, ya sea evitando que su quehacer específico se encuentre viciado por el cumplimiento de tareas supletorias, generalmente normadas por otros instrumentos, por ejemplo: judiciales y/o penitenciarias o bien, apartándola de actuar en cuestiones coyunturales o permanentes de dudosa constitucionalidad en desmedro de su accionar preventivo y en función de la población." (Informe El Cairo, Cheves, 1995)

Recordando lo dicho sobre la perspectiva psicológica de Maslow:

"La seguridad se relaciona con la tendencia a la conservación frente a situaciones de peligro, el deseo de estar y sentirse exento de riesgos, de poseer estabilidad y ausencia de dolor. Se busca crear y mantener un estado de orden y protección.".

De manera tal que la necesidad de seguridad, de protección y consecuente construcción y puesta en marcha de una policía distinta surgida del seno de la comunidad, como objeto cultural satisfactor de esa necesidad, puede ser la correspondencia lógica a una mala gestión y en tales circunstancias, el Estado debe acompañar con la legalidad, a la legitimidad de su origen.

Por otra parte, vimos a la seguridad como derecho perfecto, cuya defensa y protección recae en el Estado. Qué pasa entonces cuando ello no sucede, cuando no se respetan o garantizan los derechos de las personas y los mecanismos oficiales de acceso, petición y restitución no funcionan o están viciados de inmoralidad. El habitante no va a quedarse esperando que lo roben o lo maten, se ve inducido a actuar, y una de sus alternativas puede ser, la creación de instituciones policiales informales, legítimas porque provienen del soberano, aunque pudieran estar al margen de la constitución, pero que el señor Estado debe legalizar, a la vez que replantear urgentemente su gestión a la luz del cuestionado funcionamiento o rechazo de las ya existentes.

Es un supuesto de alta complejidad que transita por una delgada línea hacia la peligrosidad, pues si una policía comunitaria se forma bajo estas circunstancias, la respuesta oficial debe ser rápida y contundente en cuanto a su contención y encuadre jurídico, o bien, desestimarla. Una fuerza de estas características debe ajustarse a derecho y ser controlada para evitar abusos, violaciones a los derechos humanos y manipulación política, sin perjuicio y justificativo, que en muchas oportunidades su creación pudiera deberse justamente al funcionamiento marginal de las propias instituciones gubernamentales.

Por ello no debemos llegar a estas situaciones, en que el pueblo tenga que desconocer a sus representantes, y gobernar por y para sí mismo. El Estado debe estar presente, corregir sus falencias, y dar respuestas inmediatas y satisfactorias.

Son ejemplos en nuestra Región, que ilustran la peligrosidad de lo dicho: las otrora Convivir de Colombia, las Rondas Campesinas y Urbanas de Cajamarca en Perú, los Grupos de Autodefensa de Michoacán o la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC) de Guerrero en México.

Apuntes para las relaciones con la comunidad (3)

La policía es de todos y trabaja para todos. Sin perjuicio de las incumbencias determinadas por la ley, la comunidad la requiere y conmina a una cotidiana mediación, arbitraje y resolución de muchos de los conflictos, que la convivencia social trae aparejados. Bajo este contexto, los habitantes reconocen su necesidad de contar con mayor número de agentes, no en oficinas cumpliendo con rutinas burocráticas, sino protegiéndolos en sus calles y barrios. Pero exigen también, que sean mejores policías, con actitud diferente y compromiso vecinal, inspirándoles tranquilidad y dispuestos a participar en la vida social.

Asimismo, se verifica un sentimiento público cada vez mayor de inseguridad, producto de reconocer a su barrio y ciudad como potenciales escenarios de peligro, y convencidos que en cualquier momento, existirá la posibilidad de ser víctimas de la delincuencia, tanto para los que ya fueron como para aquellos que no. La situación se agudiza, ante cierta cantidad y calidad de delitos, así como del tratamiento dado por algunos medios de comunicación social, pudiéndose generar niveles altos de temor al delito.

Esto requiere una acción de gobierno que impulse una política preventiva para la defensa social, orientada a revertir las situaciones generadas a través de las cuales los habitantes han padecido la violación de sus derechos fundamentales. Por ello, fortalecer las relaciones con su mandante (la comunidad), es un tema central, al cual nos dedicaremos muy especialmente. Veremos a continuación, algunos aspectos a tenerse en cuenta, que representan las bases de su fortalecimiento en comunidad, una propuesta y práctica alternativa y necesaria, que en términos generales no son nuevas en Latinoamérica, sino olvidadas y/o relegadas a un segundo plano.

Pero esta labor policial, para no quedar fuera de contexto, aislada o fracasar; deberá accionar dentro del marco de una Gestión Comunitaria en Seguridad, que implica la integración de su personal como la disposición de sus medios, en los programas de trabajo con participación, mediante asambleas, foros o consejos vecinales, no necesariamente formales (para evitar su burocratización) y tomar conocimiento directo de los problemas, así como del cumplimiento de derechos, tendientes a la reducción de la vulnerabilidad social de la población, fundamentalmente aquella en especial y delicada situación de riesgo. Esto es muy importante para el correcto desempeño de su misión, pues le brindará una progresiva asociación con el grupo socio-comunitario de pertenencia que le da origen, legitimidad y sustento.

Pretendemos un esquema operativo con apertura policial hacia la comunidad como forma de revertir lo sucedido hasta el presente, a la vez que disminuir y controlar el accionar de la delincuencia, lo cual implica una fuerte inversión espiritual y material para su puesta en marcha y sostenimiento, donde la vigencia de un modelo hegemónico es el principal factor negativo.

Se:

La relación con la comunidad es una de las principales funciones que la institución policial llevará a cabo para la prevención del delito y la protección de sus habitantes. Por ello estarán convenientemente programadas y formando parte importante de su planificación estratégica.

Existen algunos programas a través de los cuales se ensaya una propuesta de policía comunitaria dentro del esquema tradicional de la policía. El proyecto fracasa cuando se lo considera solamente como salida política ante reproches de la opinión pública. Sin perjuicio de tales intereses, la policía comunitaria no es solamente una forma o componente más para la prevención del delito, sino que representa una axiología que la convierte en el propósito mismo y fundamental de una nueva institución, no en un medio o parte de la vieja, circunstancia que se recomienda tener presente en todo proceso de reforma. Cuando hablamos de Policía Comunitaria, no es un programa de la policía, es la policía misma.

Debe abandonarse el tradicional aislamiento y abrirse a la comunidad. Tanto sea a través de modificaciones edilicias de sus bases operativas, transformándolas en dependencias más receptivas a la concurrencia del público, y no solamente para la entrada y salida de delincuentes, hasta una fluida vida de relación de sus agentes con los vecinos. Esto se logra caminando por los barrios, reuniéndose y conversando con la gente, conocerla y recibir sus inquietudes, para demostrarle que la prevención del delito comprende también, reconocerse como parte de su vecindario para velar mejor por ella.

Los titulares de dependencias, se apoyarán en las sociedades,  asociaciones y clubes como en tantas y diferentes entidades existentes en su ámbito de responsabilidad, llegando inclusive a considerar la posibilidad o necesidad de fijar periódicamente sus despachos en las mismas para atender las inquietudes y opiniones vecinales con respecto al accionar policial, para la ejecución de ciertas medidas, la resolución de problemas de la gente en la inmediatez.

Asimismo, como operadores de contacto y referenciales, participarán inexcusablemente de actividades escolares, sanitarias y/o vecinales en general, como parte misma e importante de su función cotidiana. Recíprocamente, compartirán y harán conocer algunos aspectos de sus vidas y labor institucional a las autoridades de educación y estudiantes de todos sus niveles, de salud, de organizaciones no gubernamentales y vecinos en general, mediante reuniones regulares de trabajo o de carácter social.

“(…) El Policía mantiene una actitud permanente de disposición al servicio, de respuesta a las demandas de la comunidad, en estrecha vinculación con ella y actúa en correspondencia a las necesidades y aspiraciones sociales de seguridad y tranquilidad. (…) Conjuntamente con la comunidad, debemos desarrollar la capacidad de identificar circunstancias, condiciones, tendencias, vulnerabilidades físicas, sociales o de otra índole que nos indiquen la posibilidad de que ocurra un hecho de interés policial, para evitarlo o restringir sus efectos, disminuyendo la necesidad de ejercer acciones policiales de respuesta durante o después de la ocurrencia del hecho. (…)” (Nicaragua, Constitución, 1998, páginas 186-7)

Esto afianzará la confianza de la gente y facilitará los canales de acceso a la policía. Aún más, permitirá el diseño consensuado, flexible y sustentable de un modelo diferente de prevención, donde su despliegue operativo resultará de la interacción con los vecinos e instituciones barriales como potenciales unidades de asesoramiento.

Entre muchas alternativas tácticas para un verdadero acercamiento con los vecinos, podemos exponer una serie de medidas que no deben interpretarse como medios para lograr algún beneficio coyuntural, sino como fines de una policía inmersa permanentemente en la vida pública:

1) “...se puede comenzar con la elección de una escuela primaria del área de responsabilidad; tomando contacto con su autoridad y para su próximo festejo escolar, enviar la bandera con el abanderado y escolta de la dependencia policial a los actos que correspondan.”;

2) “...se selecciona personal de la dependencia para que periódicamente tome contacto en el aula con los chicos de la escuela y en conjunto conversen sobre temas de seguridad.”;

3) “...nada impide que al menos una vez por semana o por mes, o periódicamente, el titular de la dependencia policial constituya despacho en diferentes sociedades de fomento de su ámbito de responsabilidad para atender a la gente y resolver desde el mismo terreno o al menos contener, los problemas que se le planteen, o la realización de trámites varios con el propósito de aliviar su concurrencia a la dependencia policial.”;

4) “...indicarle al personal policial que en oportunidad de patrullar los barrios, se detengan con frecuencia a conversar con la gente y responder sus preguntas.”;

5) “...se debe tomar conciencia de que el lugar de trabajo del funcionario policial es preponderantemente la vía pública, es decir: Nuestro Barrio y en permanente contacto con su vecino y no tanto en los despachos u oficinas de las dependencias policiales.”;

6) “...la realización de visitas guiadas a dependencias policiales, ya sean estas operativas, académicas y culturales en los diferentes niveles de su conducción con el propósito de explicar al público en general cómo funciona una fuerza de estas características. En este aspecto, comenzar con los chicos, es sin duda un buen comienzo”;

7) “...la publicación y distribución de folletos o boletines informativos relacionados a su labor y consejos útiles para los vecinos con indicación de los agentes por turno que estarán a su disposición en la dependencia policial para su atención”;

8) “...llevar a cabo toda actividad quizás no tradicional ni convencional, pero orientada a permitir que las personas conozcan a su policía y esta, cumpla con su misión preponderantemente preventiva de adelantarse a la producción del delito, de una manera también nada convencional”.

Tal vez este último punto encierra un concepto muy importante; pues la mejor forma de llegar a los habitantes, es cumplir su misión con voluntad manifiesta, honestidad y respeto. El problema es que no la dejan y el principal obstáculo, ha sido siempre el propio Estado.

Cada dependencia policial conocerá su real Perfil de Policía Típico (Cheves, 2000), que no es otra cosa que conocer el “arquetipo de agente” que está en permanente contacto con los habitantes. En la mayoría de los casos, no se ajusta a las necesidades comunitarias ni institucionales, pero es reversible. A partir de lo señalado, la interacción con los vecinos dará pautas de orientación que permitirán convertir, este perfil real en el ideal, para que sus funcionarios sean verdaderamente personas situadas y representativas, es decir, aquellas compenetradas y comprometidas con el espíritu comunitario, brindándoles protección y colaborando con su desarrollo y progreso.

Tradicionalmente ha imperado un perfil policial que nos muestra a un funcionario recio, duro y osadamente agresivo, como respuesta al modelo hegemónico y donde los habitantes son considerados sospechosos o posibles delincuentes, reduciendo su actuación sobre un escenario de permanente desconfianza (recíproca por cierto). En realidad necesitamos agentes de notable sensibilidad y receptividad para actuar fácil y convenientemente en un tejido social donde la población en general, puede ser victimizada, y si lo es, responder con suficiente capacidad de contención para reconfortarla.

Muchos barrios en América Latina, se han organizado en torno a su necesidad de seguridad integral, ante la persistente conducta delictiva y notable desidia oficial. Aunque no sea novedosa, la constitución de foros, asambleas o consejos barriales, orientados a la seguridad y conformados a nivel ciudad, son sin lugar a dudas una medida necesaria que el Estado debe fomentar pero sin desgastar, como instrumento independiente y de apoyo a la gestión legislativa, a la vez que permite el conocimiento de la realidad criminológica y de las posibilidades del sistema policial. Algunas experiencias de esta clase, no tuvieron éxito pues manifestaron un componente ideológico muy fuerte y emparentado con las fuerzas políticas locales de cada país, tanto del oficialismo como de la oposición, desvirtuando y dedicándose a lograr espacios de poder, que derivaron en su fracaso.

Efectivamente, cuando la gente se agrupa alrededor de un tema de interés, mediante un foro, asamblea o consejo, más allá de su derecho y deber de participar en los asuntos públicos, es fundamentalmente porque no tiene respuesta oficial que la satisfaga, debido a la existencia de algún sector del Estado que no está funcionando como debiera. Esto quiere decir, que los habitantes no están recibiendo respuestas ni siendo representados convenientemente por quienes integran los cuerpos legislativos a nivel local, provincial-estatal o nacional, ameritando entonces, un compromiso oficial de seriedad donde no cabe la mentira o la desidia ante la comunidad. La conformación y funcionamiento de estos consejos o foros, no deben convertirse en la excusa oficial, ante su ineficacia de combatir el delito, de pretender que el vecino, además de llevar a cabo estas tareas adicionales, que implican el sacrificio de su descanso y tranquilidad, se haga cargo de una cuota importante de una responsabilidad que no le corresponde. Sus requerimientos, recomendaciones y resoluciones, formulados objetivamente en el marco de su competencia, tales como: mayor cantidad de agentes y medios logísticos, no deben sufrir demoras bajo el pretexto de no contarse con las partidas presupuestarias, porque en ello debió pensarse antes de haberlos convocado. Promover una convocatoria y constitución de foros o consejos comunitarios, ya sea por el tema de la seguridad o por cualquier otro, para luego no cumplirse con las exigencias y requerimientos que se formulen, provocará una situación por demás frustrante y de peores dimensiones que aquella por la cual los reuniera.

Tampoco se propondrán y alentarán fáciles medidas salvadoras, sobre todo en períodos preelectorales, como son las muchas veces innecesarias creaciones de dependencias policiales, para cuyo funcionamiento se citan sentimientos e intereses comunitarios, pero que en la realidad y en la generalidad, no van más allá de la letra de la norma que las contempla, comprobándose la carencia de recursos que en el mejor de los casos, se obtienen segregándolos de otros elementos policiales. Por otra parte, estas creaciones, correspondiéndose con el perimido esquema de la eliminación de oportunidades por saturación de objetivos, no guardan relación con la disminución de la delincuencia con lo cual sostenemos que podrán construirse todos los elementos policiales que el presupuesto oficial y/o la ayuda comunitaria permitan; pero si no se atacan las causas generadoras del delito, conforme a un sistema integrado de seguridad, además de una mala inversión financiera, el sentimiento de inseguridad de la población será incontenible. Muchas agencias se encuentran colapsadas en virtud de sostener un despliegue operativo estático y atomizado por la cantidad innecesaria de dependencias, cuando el futuro accionar policial no pasa por estos asientos fijos sino por la dinámica planificada de sus potencialidades humanas, logísticas y tecnológicas.

Ahora bien, en este esquema es conveniente que los agentes cumplan preponderantemente tareas de supervisión social, además de las tradicionales de represión del delito. En este sentido, su estética cumple un papel preponderante, pues en sus relaciones con la comunidad, mantendrá un trato cotidiano con sus vecinos, convirtiéndolo en su referente. Su presencia y porte, su arreglo y aseo personal, su manera de pararse y caminar en la vía pública, su forma de contestar preguntas o de dirigirse por señas o palabras a las personas, su uniforme en cuanto a diseño, conservación y uso, además del colorido, estado y mantenimiento de sus auxiliares logísticos (vehículos patrulleros, por ejemplo); es decir, su conducta y equipamiento personal en general, son partes fundamentales de tales actividades.

Como representante del Estado ante sus habitantes, debe personalizar sus relaciones, cara a cara, con nombre y apellido, demostrándose ante todo como una persona de corazón con capacidad de sentir a la gente y que ésta lo sienta a él como su protector, debe ganar su confianza y dejar de ser alguien inalcanzable o misterioso de quien se tiene reservas o temor al contacto. Para esto, la institución policial resguardará celosamente, mediante una adecuada observación, capacitación y contralor, el manejo integral de la estética y las formas de relación pública, personal, vecinal e institucional, por parte de sus agentes, en todo momento y circunstancia del devenir comunitario. Así también, evitará el deterioro o mal estado, la multiplicidad y diversidad de colores tanto en los uniformes como en los auxiliares logísticos, pues inciden negativamente en la opinión de la población, que construye su subjetividad definiendo una imagen del policía y su institución, en función de tales presupuestos. Asimismo, esta diversidad en el vestir profesional produce algunos inconvenientes en la prontitud con que los administrados deban o necesiten identificar a quienes son sus servidores policiales y por otra parte se pierde el concepto de uniformidad. Esto debe llevar a considerar también la conveniencia de contar con agentes sin armas de fuego para determinadas circunstancias y en función de las características del ámbito geográfico donde brinden su protección. Existen objetivos cubiertos por agentes, en determinadas zonas –bancarias, comerciales– y bandas horarias, de gran movilización de personas, donde se hace innecesaria la portación de un arma de fuego que bajo ningún concepto podrá utilizar. Para estos casos, donde la respuesta armada oficial ante la comisión de un delito es peligrosa para terceros, será desestimada y la correspondiente planificación, determinará el despliegue operativo de acuerdo a una metodología alternativa. Análogamente, deben desestimarse las persecuciones automotrices que importen altas velocidades.

Habíamos dicho que estas relaciones, se apoyan necesariamente en las existentes entre el Estado y su comunidad. En vano sería promover y aún llevar a la práctica, políticas institucionales para mejorar la proyección comunitaria de la policía, dentro de un espectro social deteriorado y en donde los diferentes gobiernos, impulsan o carecen de políticas de desarrollo, o fomentan modelos de explotación y exclusión que además de generar reclamos y conflictos, los mismos se dirimen y concluyen generalmente con la solución estatal, de enfrentarla en la vía pública con su gente. Es justamente en este escenario, donde la espiral de violencia se regenera, pues por un lado están los grupos reclamantes que no tienen nada que perder, y por el otro, los policías que sí tienen mucho que perder. Para todo caso, un choque entre trabajadores.

Puede suceder un esquema contrario, cuando el Estado promueve una política de pasividad o abstención en el uso legítimo de la fuerza, conduciéndose permisivo y tolerante con el accionar de algunos grupos minoritarios que exteriorizan sus reclamos hasta el punto de cometer delitos, con el pretexto de no vulnerar sus derechos o evitar el agravamiento del conflicto, pero en detrimento del resto de la sociedad, violentando a las instituciones republicanas, humillando y menoscabando a la autoridad policial, y cayendo en definitiva en una participación criminal.

“(…) el Estado debe proveer al bien común, asegurando al menos, la satisfacción de sus necesidades básicas, tales como salud, educación, trabajo, acción social, etc., que con ello, se estaría conformando una situación en la que se sienta seguro, es decir, exento de todo riesgo, lo cual forma parte también de la prevención del delito, y no solamente por el buen funcionamiento del aparato policial. Que se procure una Ley fuerte para afrontar el flagelo de la delincuencia, pero que sea igualmente fuerte contra las causas que la provocan. (…) policías y público, al momento del contacto, deben encontrarse en las mejores condiciones de vida y bienestar posibles, con el propósito de evitar que afloren manifestaciones propias de cualquier descontento y frustración. Pero como esto no ocurre, la combinación es extremamente peligrosa y generadora de situaciones de mutua agresividad que poco aportan para acortar su distanciamiento.” (Cheves Raúl, Policía en Naciones Unidas II, editorial Dei Genitrix, 2000)

Es tan operativo para una policía moderna y democrática, aquellas acciones que hacen a su interrelación con las personas, en franca convivencia comunitaria, como las inherentes a la prevención propiamente dicha del delito.

Reiterando lo dicho en párrafos anteriores, acerca del “policía de proximidad”, “policía de barrio” o “policía de resultados” como esquemas modernos y alternativos de trabajo, que podemos leer en textos especializados o a través de clases y conferencias en la materia, empleados y ofertados por países europeos principalmente –a veces se los va a buscar–, ratificamos que representan figuras ya conocidas ampliamente y empleadas en América Latina con muy buenos resultados y que justamente la modernidad importada, los hiciera desechar y ahora pretender instalar como “artículo importado”.

Dicho esto, las relaciones con la comunidad deben constituirse en el pilar fundamental de toda planificación estratégica, y orientadas a evitar que los vecinos ante su desesperación por estar o considerarse desprotegidos, adopten actitudes que modifiquen su modo de vida o ejecuten acciones de índole policial de impredecibles consecuencias. En el primer supuesto, debemos evitar la internalización y naturalización que fomente una cultura de miedo permanente, llevándolos a cambios en sus hábitos cotidianos, como la manera de salir y entrar de su domicilio o de una entidad bancaria, caminar mirando a todos lados, vestir acorde a la necesidad de pasar desapercibidos, hasta incluso aprender y manejar un código lingüístico de corte mafioso para su protección personal. En el segundo caso, evitar la exteriorización de pasiones mediante acciones de venganza por mano propia, o de la puesta en marcha de vigilancias barriales, la identificación no oficial de personas, hasta la peligrosa medida de comprar armas de fuego, derivando en su tenencia, exhibición y uso, circunstancia que debe neutralizarse severamente a la vez que generarse programas de recuperación de armamento en poder de la gente.

En todo caso, se conmina a los habitantes a una vida que no es vida, de temor, de vigilancia y alerta, de permanente desconfianza en sus semejantes, que irá conformando groseramente, una política criminal informal y de hecho sumamente perjudicial para el bienestar social, muchas veces fomentada desde el propio Estado, ya sea por su inoperancia en la administración de justicia y seguridad, o por la impropia aplicación o mala interpretación de políticas o proyectos extranjeros.

Por supuesto que esto sucede con la seguridad de carácter público, pues en la esfera privada, la problemática descripta, ha significado una mayor demanda y muy buenos dividendos, representando así, un campo necesario de observación y contralor, habida cuenta de que la inseguridad del habitante, conlleva a obtener la clave del éxito financiero para las empresas privadas de seguridad.

La influencia de los medios masivos de comunicación social es fundamental para cualquier Sistema de Seguridad dentro del cual la policía desarrolla su esquema operativo producto de una planificación estratégica que, como dijimos, contemplará prioritariamente las relaciones con la comunidad. De manera tal que la acción de la Prensa constituye un factor de relevante importancia en este aspecto.

Bibliografía

1: Naciones Unidas: Derechos Humanos y Aplicación de la Ley (Manual de Derechos Humanos para la Policía-Libro Azul), 1997;

2: Cheves, Raúl Marcelo: La cuestión policial, Manual para la aplicación de la ley, editorial Seis Hermanas, La Plata, 2015;

3: Cheves Raúl: El modelo policial hegemónico en América Latina, Crónica del servilismo policial, editorial Seis Hermanas, La Plata, 2015.

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