Gestión y Liderazgo.

Presentación e introducción.

Se comienza el curso con la presentación de la materia, modalidad de dictado y evaluación. Se ofreció a los alumnos la viabilidad de utilizar internet como medio de comunicación e interacción con el docente responsable.

Consecuentemente con lo dicho, se indicó la realización de un trabajo práctico y de autoevaluación como instrumento pedagógico para profundizar el aprendizaje de los contenidos a la vez que complementar los resultados del examen final integrador.

A modo de introducción, se procedió a la lectura y explicación con interacción de los alumnos, del contenido de las conclusiones de las “Primeras jornadas de planeamiento policial” llevadas a cabo por nuestra institución durante el año de 1997, indicando pautas de gestión institucional. Seguidamente, la lectura de dos noticias periodísticas relacionadas con acciones de claro liderazgo político.

¿De qué hablamos cuando lo hacemos de gestión y liderazgo?

De conformidad con el Diccionario de la Real Academia Española, gestionar es: “1. Llevar adelante una iniciativa o un proyecto; 2. Ocuparse de la administración, organización y funcionamiento de una empresa, actividad económica u organismo y 3. Manejar o conducir una situación problemática.”

Por su parte, define al liderazgo como: 1. Condición de líder; 2. Ejercicio de las actividades del líder y 3. Situación de superioridad en que se halla una institución u organización, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito.”

Pero gestionar es una acción que importa un efecto, de manera tal que este último dependerá de las características de la primera. Esto significa que el término gestión, por si solo, no implica que la acción llevada a cabo se corresponda con un efecto positivo, lo cual es obvio pero válido de aclararse.

En toda empresa o institución, sea pública o privada, interesa llevar a cabo una debida gestión cuyo efecto represente lograr aquello para lo cual fuera creada, es decir, con eficiencia y eficacia, dependiendo de una conveniente normativa, como de los recursos logísticos y financieros, necesarios y al alcance de quienes sean sus líderes.

Si hablamos de normativa, comprendemos al bloque de leyes, reglamentos y protocolos del cual trasciende su cuerpo axiológico, e inherentes al personal, a la misión, visión y funciones como de la estructura organizativa y funcional, y la planificación institucional del sistema organizacional a gestionar.

De la institución policial.

Introducción

Toda institución es un sistema de normas de carácter cultural y jurídico, establecidas por las personas con el propósito de convivir en comunidad y satisfacer sus necesidades.

En este sentido, la institución policial fue creada y es sostenida por el Estado, respondiendo a su inexcusable deber de satisfacer la necesidad básica de la población de protección y salvaguarda de sus  derechos frente a situaciones delictivas.

Los términos institución y organización, son empleados frecuentemente como sinónimos, pero existen significativas diferencias aunque no los separan totalmente sino que están relacionados, por cuanto la segunda materializa el orden social establecido por la primera. De esta manera, somos consecuentes con el tratamiento cotidiano de referirnos a la policía como institución y, describir, cómo es su organización.

Institución.

Siguiendo la línea argumental, las instituciones se ubican en un nivel superior a las personas, pues implican una adecuación de sus conductas (conductas institucionalizadas), ya que imponen un orden virtud a normas y costumbres que ellas mismas establecieran para vivir en comunidad. Dentro de esas normas (jurídicas, morales) y costumbres, hallamos también valores, creencias, principios e ideas propias de cada sociedad.

Etimológicamente, el vocablo institución refiere a “establecimiento o establecido”, e integra la familia de palabras entre las que encontramos: instituto, instituir, instituido, institucional, institucionalización, instrucción, institucionalizar, estatus, estado, etc.

Por lo anterior, estamos en presencia de un vocablo de variada utilización, pues no solamente hablamos de un ente tangible sino de un cuerpo normativo y cultural, como también, del reconocimiento a personas de existencia real que por sus méritos se les haya otorgado un tratamiento diferencial.

Así como la policía es una institución, la Constitución Nacional es también una institución, como lo son el trabajo, la justicia, la salud y podemos agregar que Albert Einstein es una institución en el mundo científico.

El éxito de las instituciones creadas para satisfacer un interés general, se verifica tanto por el aumento de la calidad de vida de los habitantes, es decir, en un crecimiento personal dentro de la comunidad como por su evolución social.

En su interior, hallamos todo aquello que fuera determinado y establecido “a priori” para su funcionamiento, que llamaremos “instituido”. Por otra parte, el devenir institucional, no ajeno a los cambios de la sociedad donde está funcionando, como la lógica actualización de sus métodos y procedimientos, entre otros factores, genera una fuerza transformadora, que representa una propuesta de cambio opuesta a lo instituido, y que llamaremos “instituyente”.

Esta dialéctica “instituido-instituyente” deberá encontrar su exacto equilibrio pues de ello depende el éxito. Una institución extremadamente conservadora donde lo nuevo o el cambio no tienen cabida estará atrasada con respecto a la sociedad y no podrá corresponderle convenientemente, por el contrario, si lo instituyente hace sumamente vulnerable a lo instituido, es decir, si los cambios se suceden con frecuencia, se producirá un relajamiento institucional imposibilitándola igualmente para responder a su comunidad por estar permanentemente ocupada en absorberlos. Cuando lo instituyente es finalmente instituido, se convierte en instituido y así sucesivamente.

“…una institución es un sistema organizacional creado y legitimado por la satisfacción de las necesidades de los grupos sociales con los que se relaciona. A su vez, toda institución forma parte de un sistema mayor o supra-sistema, el cual constituye su medio ambiente político, económico y social específico.” (Muriel, María Luisa y Rota, Gilda: “Comunicación institucional: enfoque social de relaciones humanas”, Quito, 1980, Editorial Andina)

Habíamos dicho que la legislación asociada a toda institución, en nuestro caso la policía, determinará su estructura organizativa y funcional, de manera tal de conocerse cómo está compuesta y cómo interactúan los diferentes componentes, describiendo una pirámide de conducción, conformada por diferentes niveles de autoridad y responsabilidad, y donde en el vértice superior encontramos a su titular y responsable máximo, llámese Jefe, Director General o la denominación que corresponda en su ordenamiento jurídico. Entonces, el funcionario designado conforme a derecho, tendrá autoridad formal o legal para su gestión y responsabilidad por el ejercicio de esa autoridad que le fuera embestida.

Es muy común tratar a esta máxima autoridad como líder de la institución, pero en el sentido estricto de vocablo, ¿Será el líder? La respuesta es no, pues en principio sólo ocupa legalmente el cargo, y el liderazgo no es un cargo y una persona no es líder por imperio de una norma jurídica.

Pero, ¿Podrá serlo? La respuesta es sí, puede llegar a ser líder, en tanto y en cuanto, reúna ciertas cualidades personales y profesionales.

El liderazgo, es una instancia en la vida y gestión de la policía en que se alcanza y se sostiene su fin último, como el reconocimiento de la comunidad por los logros obtenidos. Su fin último, es el éxito de la institución en el cumplimiento eficiente y eficaz de su misión, virtud a un trabajo en equipo, previamente planificado.

Es una situación que comprende también, aunque no necesariamente, a la persona del líder -si lo hay- y al ejercicio de sus actividades.

Por ello, al hablar de liderazgo, no es hablar exclusivamente de su cara visible, el líder, sino comprende también al grupo al cual lidera.

No obstante lo dicho, encontramos en el líder ciertas cualidades como carisma, conocimiento, confianza, integridad, modelo de conducta, poder de decisión, positivismo, resultados, visión y correcto ejercicio del mando.

Si bien su liderazgo se basa en la aptitud para transmitir, comunicar e influir sobre otras personas, el concepto alcanza a las respuestas de éstas hacia el líder que se sintetizan en la confianza de seguirlo en su gestión. De lo cual se desprende que el líder es a quien el grupo elige y reconoce como su referente y orientador.

El líder es aquél que está capacitado para trabajar en grupo y tomar decisiones que hacen a la vida institucional sin descuidar el estado emocional y rendimiento de quienes tiene a su cargo. Pero el liderazgo comprende también al grupo, y consecuentemente, ante la inexistencia, ausencia o pérdida del líder, debe y puede asumir la responsabilidad de las decisiones. Si bien representan dos supuestos muy diferentes, ambos convergen a una misma meta, que es la debida gestión.

Existen muchos ejemplos al respecto, el caso de Walt Disney que creó y lideró su empresa hasta su muerte, nadie ocupó su lugar pero actualmente sigue siendo líder mundial. Otros casos similares son el de Steven Jobs con Apple y la empresa Hewlett-Packard.

Conforme lo dicho sobre nuestro arquetipo de líder, deberá planificar sus actividades grupales; poseer una visión futurista a la vez que oportunista; en sus relaciones cotidianas debe inspirar y demostrar confianza; liderar su equipo de trabajo significa valorar los esfuerzos e incentivar los resultados; estar preparado y preparar a su grupo ante cualquier situación que redunde en un cambio organizacional para evitar la desazón o incertidumbre; además de controlar el trabajo del equipo.

Algunos conceptos empleados.

El cuerpo axiológico está conformado por los valores y principios que persigue la institución para ajustarse en el plano interno y para defenderlos en beneficio de los miembros de la comunidad.

En este sentido, la misión policial nos señala el propósito fundamental de la institución. Su redacción responde al verbo presente, indicándose en términos generales la necesidad social a la cual responde su creación, su incumbencia y beneficiario de la meta pretendida (los habitantes).

La visión de la policía es su proyección a futuro, nos indica aquello que se pretende alcanzar, pero también, el posicionamiento social alcanzado, en cuanto a su aceptación, eficacia y eficiencia (debida gestión y liderazgo). Por ello su redacción responde al verbo futuro.

Las funciones son las separaciones lógicas y consecuentes a la amplitud de la misión institucional. Son especialidades que deberán redactarse en tiempo verbal infinitivo con la determinación inequívoca de la naturaleza e incumbencias propias del trabajo a realizar.  Tienen principio y continuidad ilimitada en el tiempo.

Consecuentes con cada función, se suceden las tareas policiales a desarrollar, que son las actividades puntuales y cotidianas. Deben formularse con precisión, indicándose "en qué" consisten, "para qué" se realizan y "cómo" se llevarán a cabo. Además, si son diarias o periódicas, programadas u ocasionales. Tienen un principio y fin.

La estructura organizativa y funcional nos determina una pirámide de conducción y, consecuentemente, los niveles de autoridad y responsabilidad a través de las diferentes unidades internas y sus canales de comunicación.

Autoridad y responsabilidad.

No son conceptos fáciles de definir por las diferentes acepciones que poseen. En cuanto a la autoridad, por un lado es una cualidad referida a determinadas condiciones personales, intelectuales y profesionales y por otro, las facultades adquiridas por imperio de una norma jurídica para su desempeño funcional dentro de una institución.

Estas facultades otorgan capacidades para el ejercicio de un derecho pero también exigen el cumplimiento de deberes y asumir responsabilidades.

Si bien la autoridad es uno de los componentes del mando, su fin último es el cumplimiento de la misión institucional, respetando lógicamente su cuerpo axiológico.

Resulta evidente que la autoridad define los límites de quienes toman decisiones y consecuentemente de quienes reciben las órdenes y están obligados a cumplirlas.

"Se distingue en un buen jefe la autoridad legal inherente a la función y la autoridad personal formada de inteligencia, de valor moral, de aptitud de mando, servicios prestados, etc. En un buen jefe, la autoridad personal es el complemento indispensable de la autoridad legal". (Fayol, Henry; 1841-1925)

Fayol nos esclarece los alcances del término genérico autoridad. Reconocemos una autoridad formal o legal, que importa el derecho de emitir órdenes en el marco de la vigencia de un ordenamiento jurídico y de reglas organizativas que regulan derechos y obligaciones de las partes involucradas en sus relaciones laborales. Es la autoridad conferida por imperio de una norma jurídica dictada por delegación de autoridad o de un nivel superior competente para ello, que actuará en nombre de la institución que se trate para hacer posible su propósito fundamental. Pero además, existe una autoridad de carácter informal que es la asumida espontáneamente o la reconocida por acatamiento, sin haber sido conferida por delegación. Si bien puede provocar problemas dentro de la institución, no necesariamente su reconocimiento, acatamiento y su ejercicio, son éticamente reprochables, por el contrario, la mayoría de las veces responde a cuestiones profesionales o de carrera, honestas y de buenas intenciones que deben ser convenientemente contenidas y canalizadas, tal es el caso de la autoridad técnica. Esta última, es entonces la autoridad informal reconocida a una persona por su capacidad, conocimiento y competencia profesional o técnica en determinada materia. Es importante que en toda institución, se embista de autoridad formal a quienes posean autoridad técnica.

Lo anterior es de vital importancia para instituciones como las policiales, pues uno de sus graves problemas que padecen, reside en la inadecuada y caprichosa designación de sus máximos responsables (políticos y técnicos). Esta situación, en lo institucional, compromete su conducción, la debida gestión y su liderazgo social, y en lo particular e inherente a las relaciones superior-subalterno, donde se esgrime el deber de obediencia, quien imparte la orden y exige su cumplimiento, debe poseer autoridad formal y técnica. Su facultad para hacerlo, no será exclusivamente legal sino también intelectual y moral. De esta manera agregaríamos reaseguros para que la orden no implique errores o excesos y por ende su cumplimiento no encierre compromiso penal.

Con relación a la responsabilidad, citemos nuevamente a Henry Fayol (1841-1925):

"No se concibe la autoridad sin la responsabilidad, es decir, sin una sanción -recompensa o penalidad- que acompaña al ejercicio del poder. La responsabilidad es un corolario de la autoridad, su consecuencia natural, su contrapeso. En cualquier lugar donde se ejerza la autoridad, nace una responsabilidad. La necesidad de sanción, que tiene su fuente en el sentimiento de justicia.... en beneficio del interés general, es menester alentar las acciones útiles e impedir las que no tienen ese carácter (….) La responsabilidad es generalmente tan temida como la autoridad es codiciada"

La responsabilidad implica emplear la autoridad que le fuera delegada para cumplir con la misión de la institución. Esta obligación, es mutua en la relación superior-subordinado, la debe el superior al subalterno al impartir una orden y delegarle autoridad para cumplirla, y el subordinado al superior en ejercicio de la autoridad que se le ha delegado para cumplir con los objetivos propuestos. Se deduce así, que el ejercicio de la autoridad lleva consigo la responsabilidad de los actos consecuentes a su ejercicio. Nadie puede responsabilizarse por el cumplimiento de una tarea si previamente no le fuera delegada la autoridad para realizarla. Aquí radica el fin último de una orden, cuál es el ejercicio de la autoridad.

De esta manera comprendemos que la autoridad es delegable por imperio de la ley pero la responsabilidad no lo es, no se delega. La responsabilidad entonces, va unida a la autoridad, constituyéndose en conceptos y aspectos importantes para una institución policial.

Eficiencia y eficacia.

Son dos conceptos que suelen emplearse indistintamente como si fueran sinónimos, pero tienen diferencias sustanciales. En muchos casos suelen también emplearse juntos, por ejemplo: "que sea eficiente y eficaz", advirtiéndose entonces, distintos significados para uno y otro término.

Cuando hablamos de eficiencia, comprendemos el funcionamiento de la institución como tal, es decir como ente conformado por personas, recursos materiales y financieros inmersos en un sistema de normas. Siendo entonces la capacidad de cumplir con su propósito institucional disponiendo correctamente del personal y los recursos disponibles. Así también, de resolver problemas, de cómo se están haciendo las cosas y de cómo mejorarlas.

En cambio la eficacia, nos conecta con el mundo exterior a la institución que es el receptor de su finalidad, es decir, con el resultado. Es la capacidad de lograr el efecto deseado, lo esperado o bien, la finalidad de la institución. A veces se prima el éxito de la institución, es decir, su eficacia en cuanto a resultados positivos, que en la eficiencia de su funcionamiento interno, lo cual no es recomendable y amerita un severo control interno y externo, pues implica transitar un camino sinuoso que llevaría al caos y la corrupción. Lograr eficacia a como dé lugar, no es una opción válida para la debida gestión y tergiversaría la misión policial.

Lo correcto es lograr el exacto equilibro entre la eficiencia y la eficacia, de manera tal que las medidas internas adoptadas sean las correctas (eficiencia), reflejándose en un resultado igualmente correcto (eficacia). De lo contrario se podría caer en extremismos; o bien un funcionamiento interno modelo pero sin éxito en sus resultados, o bien, en resultados exitosos pero inadecuado e incorrecto funcionamiento interno de la institución. En tales casos, la debida gestión y la situación de liderazgo se encuentran comprometidas seriamente.

Como agencia profesional, para lograr eficiencia, calidad de los servicios y eficacia, la policía no debe tener injerencias negativas de ningún sector en su plano operacional.

Error y equivocación.

Son vocablos usualmente empleados como sinónimos pero tienen diferencias sustanciales de concepto, que determinan para uno u otro supuesto una relevancia significativa para la responsabilidad social, administrativa o penal del agente policial, ante una situación de "mala praxis" durante el desempeño de su función.

El error es un fallo o juicio falso, es decir, cuando se afirma algo que en realidad no lo es, o se lo niega cuando en realidad lo es. Es el resultado adverso de acciones llevadas a cabo en determinada situación por parte de las personas involucradas y siempre presente en una "mala praxis". En este último aspecto es importante también considerar que un ambiente laboral inadecuado propicia situaciones de "mala praxis".

La falta de idoneidad o dicho de otra manera, la falta de capacidad, de aptitud, de calificación, de habilidad y de competencia para desempeñar determinados cargos o funciones, como también un olvido u omisión, la impericia o negligencia, son presupuestos siempre presentes en una situación de error.

La equivocación en cambio, si bien importa igualmente un desacierto o resultado desfavorable que puede representar también una "mala praxis", no fue a consecuencia de un juicio falso, pues respondió a un racionamiento sobre las circunstancias de una determinada situación, presentando dos alternativas con igual significación (igual vocación) pero que en la elección o decisión tomada, a favor de una u otra, su resultado fue desfavorable. Este resultado desfavorable o desacertado, no es un error.

En consecuencia, el agente policial que en su labor cotidiana se equivoca, no asume, según sea el caso, la misma responsabilidad moral, administrativa o criminal que si hubiera errado.

Táctica y estrategia.

La táctica comprende la metodología aplicada para alcanzar uno o más objetivos. Es la encargada de llevar a la práctica aquello determinado por la estrategia pues plantea cómo se llevarán a cabo los planes.

La estrategia, es el conjunto de acciones previamente planificadas, orientadas a lograr los objetivos institucionales. Comprende la ejecución del plan institucional pues responde a lo que se debe hacer para alcanzar las metas. Para ello tendrá en cuenta valores institucionales, la misión y visión institucional como el beneficio a los habitantes.

En conclusión, la táctica es el método empleado para la correcta ejecución de un plan y alcanzar un objetivo. La estrategia se encarga del planeamiento institucional para alcanzar los objetivos fundamentales. Sin la táctica la estrategia no podría implementarse y consecuentemente no se alcanzarían los objetivos institucionales. Sin la estrategia sería imposible aplicar la táctica para alcanzar los objetivos institucionales.

En muchas situaciones en que la realidad social presenta significativos presupuestos adversos, condiciona a los responsables políticos y técnicos de una institución como la policial, confundiendo lo táctico con lo estratégico a la hora de tomar decisiones, comprometiendo en consecuencia la debida gestión y el liderazgo institucional.

Se da lectura y se analiza el siguiente texto:

“(…) el presidente de la empresa debería dedicar el 1% de su tiempo para tratar problemas del día, el 2% a considerar problemas de la semana siguiente, el 15% a problemas del mes siguiente, el 15% a problemas del siguiente semestre, el 17% a problemas del año siguiente, el 20% a problemas de los dos años siguientes y el 30% a los tres o cuatro años siguientes. Quiere decir que el presidente de la empresa tiene que estar ocupando su tiempo básicamente con problemas de los años siguientes; en cambio, el capataz, el 30% de su tiempo a problemas del día, el 40% a los de la semana siguiente, el 15% a los del mes siguiente.” (Nieto, Amílcar; “Compendio de Organización y Economía Industrial”).

Pirámide de la conducción.

En el vértice de la pirámide encontramos el nivel más alto y único de la conducción que es la máxima autoridad y responsable de toda institución policial, lo cual nos remite al principio de unidad de mando que implica que un subordinado sólo debe recibir órdenes de un superior. En su base encontramos las unidades de proyección y contacto comunitario, virtud a un despliegue operativo integrado por personal policial. Reconocemos entonces, dos niveles en su acción y efecto. El nivel superior o estratégico y el nivel inferior o táctico. En el primer nivel, su acción es mediática y se corresponde con la dirección y administración institucional como del proceso planificador. Es la zona encargada de llevar adelante la estrategia de la institución en cuanto a la distribución de las personas y recursos disponibles para el logro de su misión y funciones. La estrategia, se cumple mediante el accionar táctico y puede y debe modificarse conforme el devenir de los resultados obtenidos en el nivel inferior. En el segundo nivel, su acción es inmediata y a través del cumplimiento de tareas y funciones, motivo de lo cual se lo conoce también como nivel operativo. Puede y debe ser modificado si el cumplimiento de las tareas, en el ejercicio de la función, demuestra un desvío de la misión institucional o cierta inviabilidad.

Es posible reconocer subdivisiones en ambos niveles, que normalmente son necesarias y hasta convenientes. Así, en el nivel táctico, reconocemos un nivel de base o inferior, dedicado al cumplimiento de las tareas, al ejercicio pleno de la función de corte netamente operativo y de contacto humano, y un táctico superior, dedicado al contralor, a coordinar y corregir en escena, la ejecución y forma en que se lleva a cabo el ejercicio de la función y la ejecución de cada tarea. En cuanto al nivel estratégico, podemos admitir un sub-nivel estratégico superior propiamente dicho en el cual se hallan los responsables máximos de la institución, encargados de la dirección y administración como de elaborar la estrategia y desarrollar el proceso planificador (ya lo mencionamos), y un nivel estratégico inferior, responsable directo de la puesta en marcha, desarrollo ejecutivo y observación permanente de la estrategia, a través de las áreas de interés de la conducción y en respuesta al proceso planificador.

Mandos medios.

Si tomamos las subdivisiones, táctico superior y estratégico inferior, determinamos una franja de mandos medios que sirve de nexo entre la base piramidal operativa y la cima directriz. Reviste de vital importancia pues recibe toda la carga jerárquica y la dosifica convenientemente hacia la operatividad procurando evitar distorsiones. Los mandos medios toman decisiones  “in situ”, solucionan problemas de ejecución, transmiten y reafirman la cultura institucional, contienen y motivan permanentemente a quienes cumplen funciones y desarrollan actividades. La lealtad, honestidad y compromiso de quienes ocupan los mandos institucionales medios, es reaseguro para la calidad de los servicios policiales.

La cultura policial.

La cultura en los sistemas organizacionales en general, constituye un factor esencial para su funcionamiento y por ende para su éxito. Analicemos algunos de sus aspectos que deben cumplirse para tal cometido.

1. Debe constituir un factor aglutinante. Esto se logra mediante la identificación, es decir, compartir los objetivos, principios y valores de su organización. Es necesario entonces que las personas que desempeñan las diferentes funciones dentro de la organización, hagan suyo el cuerpo axiológico que guía a la misma. No se pide que las personas caigan en la exageración, en un conformismo absoluto o extremismos fundamentalistas, solamente en los valores esenciales de la organización, para no coartar su iniciativa y redundar en contra del funcionamiento organizacional. Tal es el caso del “ritualismo” característico de instituciones burocratizadas.

2. Da sentido a los roles, es decir, a la función que cumple cada persona dentro de la organización, quienes deben sentir que ellos contribuyen de manera efectiva al cumplimiento de la misión institucional.

3. Debe legitimar las relaciones de poder, pues las personas que integran un sistema organizacional deben estar convencidas que con su labor cotidiana y bajo la autoridad de un superior, están colaborando en el cumplimiento de la misión organizacional que resulta ser algo importante y valioso.

4. Confiere prestigio, lo cual ocurre cuando las personas están conformes con la cultura organizacional y de esta manera no se convierten en factores obstruccionistas. La valoración que de la cultura hagan las personas confiere prestigio y genera la fidelidad.

La identificación cultural es de suma importancia en todo sistema organizacional pues instala una fuerza motivadora muy poderosa que redunda en resultados positivos y de calidad. Siempre hay que buscar la identificación del personal con los valores de la organización y su significancia como tal como clave para el éxito.

Esto trae aparejado ciertas consideraciones a tener en cuenta para el tratamiento de las instituciones. Toda incidencia en la estructura organizativa y funcional del sistema, colisiona con la cultura organizacional y está puede o no resultar favorable. Por ello, los cambios, las reformas o modificaciones sobre el sistema organizacional deben ser debidamente planificados y cuidadosamente ejecutados.

En la cultura organizacional policial, encontramos un contenido de valores, actitudes, creencias, supuestos y formas de hacer las cosas. Por otra parte observamos modelos propios de relación y formas de asociación entre las personas que comparten la cultura.

“Toda normativa, sentará las bases doctrinarias para una nueva cultura policial que se manifestará en su labor cotidiana y en virtud a una metodología orientada hacia la prevención del delito con promoción y respeto de los derechos humanos.” (…..) “Otro eje fundamental en todo proceso de reforma, lo constituye la determinación de una Carrera Policial que haga posible y sea el soporte académico-profesional de esa transformación cultural y de la cual, profundizaremos más adelante.” (…..) “Es necesario un fuerte cambio cultural que implicará la pérdida del control absoluto que desde su creación hasta el presente detentaran los gobiernos sobre las agencias policiales, a las cuales han considerado como sus ejércitos oficialmente personales.” (Cheves, Raúl: “Policía en Naciones Unidas II, Dei Genitrix, La Plata, 2000)

“(…) sus integrantes tienen una tradición y cultura de “cumplimiento de la orden”, sea escrita o verbal, emanada por un funcionario superior quien ejerce una influencia inmediata y paradigmática mucho más fuerte y coercitiva que la letra misma de la ley. Es importante entonces, que la orden policial sea a su vez la expresión más pura de la ley, y que esta sea, la mejor posible. Por ello, deben formarse personas para una cultura democrática pues así tendremos policías de conducta democrática, a quienes se capacitará en lo específico de la misión a cumplir, para que sus órdenes guarden el espíritu de la ley y les permita interpretar rápidamente, aquellas que guarden rasgos ilegales como ilegítimos.” (…..) “Para ello y como dijimos, es imprescindible generar una nueva cultura policial, un cambio filosófico que se traduzca en mentalidad y metodología diferentes, donde el habitante se sienta protegido como regla general y no como suceso extraordinario. Pero además, aplicar la ley en un marco de respeto y protección de los derechos humanos, es también velar por las condiciones de seguridad e higiene del trabajador policial y sentirse plenamente protegido por el Estado en su condición de tal.” (…..) “Dicho esto, debemos reconocer a la policía como defensora oficial de los derechos humanos de los habitantes y, consecuentemente, llevará a cabo todas las acciones orientadas a la generación de una nueva cultura, donde la aplicación de la ley, sea ni más ni menos su respuesta a una estrategia y tácticas institucionales.” (…..) (Cheves, Raúl: El modelo policial hegemónico en América Latina, Seis Hermanas, La Plata, 2008)

“El claro conocimiento de cómo hacer las cosas, si bien es condición necesaria, no es suficiente, se requiere un cambio cultural que genere en los funcionarios policiales convicciones firmes de respeto a los miembros de su comunidad y apego a sus derechos fundamentales.” (…..) “Denunciar corrupción ante las autoridades competentes, no está en el pensamiento de nuestros agentes como una opción válida. Muchos (…) anteponen la orden del superior, aunque ilícita, a sus obligaciones de hacer cumplir la ley, estableciéndose un ámbito laboral de relajamiento moral y ético que igualmente genera y regenera corrupción.” (Cheves: La cuestión policial, Seis Hermanas, La Plata, 2015)

Mando.

Implica una relación jerárquica desigual con sus características. Por un lado el superior, que tiene autoridad y poder, dos atribuciones que ejercerá de manera conjunta, y por el otro el subalterno, quien es receptor de esa autoridad y de ese poder. El subalterno, es quien está sujeto a la autoridad del superior como de la obligación de obedecerle. Para el caso de los funcionarios policiales, toda orden debe ser legal y legítima.

Ahora bien, el agente de policía no es una máquina, un robot de hacer multiplicidad de tareas, por eso, histórica y tradicionalmente -y aun ahora- el ejercicio del mando, tenía por exclusiva finalidad el cumplimiento de la misión institucional sin detenerse en el estado integral de sus ejecutores, tales como cansancio, motivación, miedo, capacitación, estrés, etc. Esto respondía a las escuelas, clásica (Henry Fayol, 1841-1925) y científica (Frederick Taylor, 1856-1915) por las cuales el trabajador era meramente un recurso, un medio, una máquina viviente para lograr la finalidad de la empresa.

En cambio, la nueva concepción en el ejercicio del mando, reconoce al agente policial como trabajador y el factor más importante dentro de su fuerza, orientándose en primera instancia a considerar sus condiciones de bienestar, sus potencialidades y debilidades con relación a la función que desempeña o tarea puntual que deba realizar antes que al trabajo mismo. Esta concepción se acerca más al humanismo y al comportamiento organizacional (Elton Mayo, 1880-1949) de los agentes.

Efectivamente, Mayo comprobó a través de sus investigaciones de campo que un tratamiento con respeto hacia el trabajador y atendiendo en primera instancia sus necesidades, reportaba mayores beneficios para la empresa, y que el mismo, no solamente estaba motivado por beneficios económicos sino por aquellos no materiales, de carácter simbólico y social, tales como ser distinguido en su ámbito laboral.

Quien desarrolla sus funciones gozando de un clima laboral adecuado, donde se garantice sus derechos, brindará mayor empeño en lograr resultados eficaces. El trabajo de policía debe desarrollarse, no a costa y pesar de los agentes, sino basándose en sus condiciones de seguridad e higiene.

La salud de los agentes es un factor que merece la atención de la institución, que deberá poseer un código de seguridad e higiene en el trabajo policial. Las situaciones diarias que viven, propias de su función, generan determinadas patologías psicofísicas, tales como: depresión, ansiedad, ira, comportamiento compulsivo, fobias, hipertensión, dolores corporales, sensibilidad a la luz, amnesia, etc. que se agudizan a raíz de un ejercicio inadecuado del mando.

En la actualidad, ejercer el mando implica la toma de decisiones e imposición de órdenes sobre la base de una interrelación superior-subordinado, donde este último participa en la determinación de las medidas adoptadas y el superior se asegura de su cumplimiento conciliando las exigencias de la institución con el bienestar de sus agentes.

En este contexto, mandar es la persuasión lograda por el superior sobre su subalterno para cumplir con la orden, en su contenido y en la forma de hacerlo con mayor rendimiento y productividad, no solamente por cuestiones de superioridad funcional sino por su convencimiento personal. Mucho tiene que ver entonces el subalterno en el ejercicio del mando más que como mero receptor y ejecutor de la orden.

No necesariamente quien manda es el líder del grupo, pero tiene autoridad para ello y en consecuencia, sus subalternos deben trabajar y colaborar con él, no porque es bueno, lindo o generoso, sino porque es quien tomará las decisiones y asumirá las responsabilidades.

Mandar es un privilegio moral pero a la vez una obligación funcional que no contempla beneficios personales, donde el superior no puede mostrarse vulnerable. Debe demostrar su fuerza de voluntad ante cualquier circunstancia y firmeza en la toma de decisiones, pues de lo contrario, sus subordinados le pierden la fe, el respeto y su entidad en el mando.

El Mando debe ser ejercido con honor, responsabilidad, prudencia, tolerancia, justicia, flexibilidad, cooperación, claridad y visión de futuro. Deberá estar sujeto a un proceso integral de planificación, para su puesta en marcha, desarrollo y control de resultados.

"…el poder es una relación asimétrica que está constituida por dos entes: la autoridad y la obediencia….El ejercicio del poder consiste en guiar la posibilidad de conducta y poner en orden sus efectos posibles." (Foucault, El sujeto y el poder)

A los fines de la práctica policial y el ejercicio del mando, interpretamos las frases de Foucault, en el sentido de que la autoridad y la obediencia se relacionan con el poder y cuyo ejercicio consiste en guiar y no dominar.

De ésta manera concluimos que mandar, no implica levantar la voz o gritar: "vaya para allá, venga para acá", ni su ejercicio es una suerte de dominación del superior hacia el subordinado. El fin último de su ejercicio es el cumplimiento de los objetivos institucionales en el marco de una relación laboral honesta, armónica, participativa, equitativa y de bienestar general.

La orden como exteriorización del ejercicio del mando, sea verbal o escrita, debe ser legal. El superior que la imparta debe poseer autoridad formal para ello, aunque exigimos además que posea autoridad técnica y dirigida a un subordinado que esté a sus directas órdenes y capacitado profesionalmente para realizar su contenido y, a la vez se le delegue la autoridad necesaria para su cumplimiento con posibilidades de revisión. Entonces, el subordinado, debe estar capacitado para cumplir con el cometido de la orden impartida, revisar su contenido y límites de la autoridad delegada para actuar conforme a derecho.

Poder.

El poder como elemento del mando, es aquel que otorga la ley. No se trata de fuerza, presiones o argumentos a gritos, sino de persuasión y capacidades físicas e intelectuales para imponer o desarrollar algo. Por ello, el concepto de poder, no solo va unido al ejercicio del derecho que le asiste por ley,  sino a los caracteres de humanidad e intelectualidad de quien lo detenta, para llevar adelante cualquier acción. Estamos hablando entonces de un líder.

A los fines del mando y la obediencia debida al superior, la idea de poder no debe representar en el subordinado una situación de pánico, dominación o sometimiento irrestricto en la cual la orden emanada debe acatarse ciegamente.

"En cuanto a los funcionarios policiales, descubrimos que en nuestra región de América Latina y El Caribe, la mayoría están mal pagos, empobrecidos con inadecuadas condiciones de vida, precariamente capacitados, mal vestidos y sin el equipamiento adecuado para su seguridad y estética; cansados por las jornadas laborales que deben cumplir para poder subsistir como de las obligaciones de un servicio excesivo a la vez que irrespetuosamente tratados por sus superiores, quienes por otra parte, ni siquiera les comunican coherentemente las órdenes para cumplir debidamente con sus tareas." (Cheves, Raúl: El modelo policial hegemónico en América Latina, 2008)

Observaciones:

Se autoriza su reproducción parcial o total del presente texto de apoyo producido por el docente responsable con la única condición de mencionar su fuente.

El presente texto de apoyo se completará en aula con las clases y actividades llevadas a cabo por el docente responsable.

Bibliografía.

La mencionada en los textos transcriptos en letra cursiva.

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La Plata, mayo del año del Señor 2017.

Raúl Marcelo Cheves